¿Cómo nos engañamos a nosotros mismos?

¿Cómo nos engañamos a nosotros mismos?

En numerosas ocasiones, la Biblia nos advierte que tengamos cuidado de no estar engañándonos a nosotros mismos. Yo estoy seguro de que muchos de nosotros hemos pensado muy poco en la manera en la que nos podemos engañar a nosotros mismos. Talvez, hemos analizado de qué forma podemos engañar a otros o la manera en la que otros nos han engañado, pero probablemente, jamás hemos pensado en que nos podemos engañar a nosotros mismos, pero ¿cómo es esto posible?, ¿cómo nos engañamos a nosotros mismos? Las Sagradas Escrituras nos dan la respuesta.

Nos engañamos a nosotros mismos cuando creemos ser algo que en realidad no somos.

Muchos de nosotros, a menudo, tratamos de aparentar ser personas que nosotros sabemos bien que no somos. Es común que haya hermanos que en la iglesia parecen ser los más espirituales o, al menos, eso intentan hacernos creer. Durante el servicio, son los que más adoran, los que más oran y cuando les dan una oportunidad en la iglesia, hablan más lenguas que los corintios. Sin embargo, si pusiéramos una cámara oculta en sus hogares, nos sorprenderíamos al ver que en realidad, no son ni una cuarta parte de lo que aparentan ser. Cuando están en casa, no adoran, no oran, estudian poco las Escrituras, pero en la iglesia… nadie es más espiritual que ellos. Estos son hermanos que, lamentablemente, se están engañando a si mismos creyendo que son algo que, en efecto, nunca han sido.

“Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña”. (Gálatas 6:3 RV60).

Cuando sabemos mucha Biblia, pero no aplicamos lo que sabemos.

Hay un montón de cristianos que tienen un manejo increíble de las Escrituras: hacen buena exegesis; tienen una buena hermenéutica; han memorizado una inmensa cantidad de versículos; en fin, son unos bibliólogos. No obstante, su fe parece ser una fe meramente intelectual, porque cuando observamos sus vidas, no practican nada de lo que saben, y a mi manera de ver las cosas, eso es fariseísmo al más alto nivel. Si hacemos esto, no estamos engañando a Dios, ni siquiera engañando a la gente. Nos estamos engañando a nosotros mismos.

“No se contenten solo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica”. (Santiago 1:22 NVI).

Cuando pensamos que nunca pecamos.

¿Han conocido cristianos que creen que son perfectos y que nunca pecan? Yo sí. He visto algunos hermanos que creen que son ángeles, que jamás pecan y, en ocasiones, tratan a los demás malísimo, puesto que se creen superiores a ellos. Amados hermanos, no somos perfectos, somos seres imperfectos que intentamos agradar al Único Perfecto. Si seguimos actuando de esta manera, no estamos haciendo más que engañarnos a nosotros mismos.

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros”. (1 Juan 1:8 DHH).

Cuando confiamos en nuestras posesiones y no en Dios.

Cuando leyó la oración previa, a lo mejor pensó que me estoy refiriendo a inconversos, porque ¿qué cristiano dejará de confiar en Dios para confiar en las riquezas? Bueno… ¿qué les respondo? Amados, dejemos la ingenuidad a un lado y aceptemos que hay muchos cristianos cuya esperanza, en realidad, no está puesto en Dios, sino en sus riquezas o en la cantidad cualquiera que tienen en su cuenta bancaria. Y lo peor del caso, es que ellos creen que confían en Dios, pero cuando tienen alguna situación, no claman al Señor, simplemente van al banco y resuelven. Dicen confiar en Dios, pero nunca lo consultan antes de tomar una decisión. Se están engañando a sí mismos.

La peor forma en la que nos engañamos a nosotros mismos es cuando creemos que podemos engañar a Dios.

A veces somos cristianos, pero tenemos agendas escondidas, vivimos doble vida, somos una persona delante de los demás, pero cuando estamos solos, somos personas totalmente diferentes. Algunos creen que pueden engañar a Dios, pero eso es imposible, puesto que Dios conoce todas las cosas.

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. (Hebreos 4:13 RV60).

Estimados lectores, jamás engañaremos a Dios. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. (Gálatas 6:7 RV60). Es probable que engañemos a los hombres, pero nunca a Dios, y aún a los hombres, aunque los engañemos, no podremos hacerlo todo el tiempo. Algún día, toda la verdad saldrá a la luz.
“Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz”. (Lucas 8:17 LBLA)

Pensemos en las palabras dichas por Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

Con cariño,

Emmanuel Paniagua.

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