sábado, 1 de agosto de 2020

La esclavitud en los tiempos bíblicos.


En la antigüedad, a los judíos se les permitía tener personas en condición de esclavas, sin embargo, a éstos se les prohibía maltratarlas y explotarlas como hacían las demás naciones con sus ilotas. Los hebreos tomaban a sus hermanos como sirvientes cuando los mismos contraían deudas que no podían solventar, no obstante, la ley de Moisés prohibía tajantemente que los hijos de Israel sean maltratados por sus hermanos (Lev. 25:43). Además, se les daba la oportunidad de guardar todas las costumbres hebreas, como el día de reposo, y asistir a cada una de las actividades religiosas.

Los familiares del esclavo podían redimirlo pagando la deuda contraída. Si el esclavo no era rescatado por sus familiares, entonces debía ser liberado por su amo después de seis años de servicio, pero el esclavo podía optar por quedarse como esclavo perpetuo de su amo, no obstante, para que esto sucediera debía ser marcado con una perforación en una oreja, de manera que todo el mundo supiera quién era su propietario.

La esclavitud en Israel no se daba exclusivamente con amos y esclavos hebreos, sino que también había amos hebreos y esclavos advenedizos. Estos esclavos eran traídos de las naciones a las cuales Israel vencía en las guerras que sostenía. Estos ilotas, al igual que los esclavos israelitas, no podían ser tratados cruelmente por sus amos hebreos, porque la ley de Moisés también los protegía.

Otro tipo de esclavitud que estaba presente en las tierras bíblicas era el de amos extranjeros y esclavos judíos. Esto tenía lugar cuando el pueblo de Dios caía abatido a manos de sus oponentes. La Biblia da algunos ejemplos de naciones que subyugaron a Israel después de haberlos vencido y tomaban la gente del pueblo para que les sirvieran como esclavos. Los fenicios, por ejemplo, los tomaron cautivos y se los vendieron a los griegos (Joel 3:4-6); los filisteos, en una ocasión, dominaron a Israel y se lo entregaron a Edóm (Amós 1:6); los asirios también apoyándose en el poder que tenían se llevaron muchos del pueblo de Israel cautivos a Asaria para que sirvieran como esclavos en esa tierra extranjera (2 Reyes 17:6); y los babilonios cuando destruyeron Jerusalén hicieron lo mismo con la gente del pueblo (2 Crónicas 36:20); etc.

Los amos extranjeros no eran para nada como los israelitas, sino que solían ser crueles con sus súbditos, debido a que eran impíos y no tenían ningún temor del Dios verdadero.

Para los tiempos del imperio romano, la esclavitud aún no había sido abolida. Se estima que aproximadamente la mitad de las personas pertenecientes al antedicho imperio estaban esclavizadas. Los amos se habían tornado feroces en contra de los desdichados esclavos, los cuales ya no tenían ningún tipo de esperanza debido a que ellos mismos estaban totalmente corrompidos.

Un dato curioso es que en épocas del imperio romano, los esclavos; en ocasiones, solían ser más educados que los amos, y por esta razón, muchos de ellos eran maestros de las familias a las cuales servían.

Por otro lado, cuando un esclavo huía o robaba algo a su amo, este último tenía el derecho de matarlo o de marcarlo con las iniciales CF que era una forma de abreviar las palabras “Cave Furem” que querían decir “he aquí el ladrón”. El esclavo podía ser restaurado a sus funciones si un amigo del amo servía de intermediario, que fue, precisamente, lo que hizo el apóstol Pablo al enviar una carta a Filemón para que el mismo restaurara al fugitivo esclavo Onésimo, quien recién se había entregado al Señor Jesucristo (Filemón 1).

Estimados lectores, la esclavitud como tal, fue oficialmente abolida el 25 de septiembre de 1926 con la realización de la Convención sobre la Esclavitud, auspiciada por la Sociedad de Naciones, hoy Naciones Unidas, sin embargo, el acuerdo entro en vigor algunos meses después. No obstante, aunque la esclavitud física ya no existe, la espiritual sigue vigente y latente. Según las palabras de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el que practica el pecado es un esclavo. “…En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado” (Juan 8:34 LBLA), y desafortunadamente, no hay ningún acuerdo que pueda firmarse ni cumbre que pueda llevarse a cabo para abolir este tipo de esclavitud. El esclavo espiritual solamente puede ser libre si acepta que Jesucristo lo liberte, que dicho sea de paso, es el único que puede romper las cadenas espirituales que atan a las personas. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. (Juan 8:36 RV60).

Con cariño,

Emmanuel Paniagua.

No hay comentarios:

Publicar un comentario