¿Dónde ha estado Dios en el 2020?


Dónde está Dios? Cristo.

A finales del año pasado, las expectativas con relación al 2020 eran altísimas. 

Todos estábamos diciendo: ¡Este es mi año! La gente se había propuesto alcanzar innumerables metas en un año que apuntaba a ser uno de los mejores años de nuestras vidas. Además, los profetas, como un solo hombre, profetizaban cosas buenas y prosperidad para todo el mundo. Sin embargo, hemos visto que todo lo contrario ha ocurrido: terremotos, conflictos bélicos, crisis políticas, y lo más reciente, el famoso Covid-19.

Esto es bastante confuso, ¿no? Es como si Dios se hubiera tomado un descanso a partir del 31 de diciembre del año pasado y hubiera dejado el cosmos sumido en una anarquía. El año no había comenzado bien y ya Puerto Rico había sido sacudido por un fuerte sismo, luego el turno fue de Jamaica, país que experimentó el más fuerte terremoto registrado hasta lo que va del año. 
Sin embargo, el movimiento telúrico más letal que ha tenido lugar en este año sucedió en Turquía, dejando un saldo de más de 3 decenas de fallecidos. Por otro lado, están las crisis políticas ocurridas en diversos países en Latino América, esto es sin mencionar la guerra que estuvo a punto de desatarse entre Estados Unidos e Irán a causa del asesinato del general iraní Qasem Soleimani a principios de enero.

No obstante, lo que tiene al mundo “patas arriba” es un virus conocido como coronavirus o Covid-19 que, hasta donde sabemos, inició en la provincia China de Wuhan y se ha expandido hasta los lugares más recónditos del planeta, causando la muerte de más de 142 mil personas (hasta hoy 16 de abril) y ha contagiado a más de 2 millones de personas en todo el mundo. 

Los hombres de ciencia de los países desarrollados no duermen buscando una cura para este enemigo silencioso e invisible, pero hasta ahora, sus esfuerzos no han surtido efecto. La gente está asustada y ya los gobiernos de los diferentes países no saben qué hacer ni cuáles medidas tomar, debido a que el virus continúa expandiéndose y paseándose por el mundo como “Pedro por su casa”. Todo esto nos lleva a preguntarnos ¿dónde está Dios? ¿Por qué no nos está ayudando?

Creo que es muy normal que mucha gente se formule esta pregunta, porque en realidad pareciera que el Creador se ha ausentado por algún tiempo, pero la verdad es que Dios está en el mismo lugar donde la humanidad lo ha dejado. Dios no se ha movido, Él siempre ha estado sentado en su trono. Él nunca se ha ido, nosotros nos hemos alejado. 

Pienso que no hay que tener un doctorado en física cuántica para uno saber que no se encuentra lo que no se busca. No podemos encontrar a Dios, a menos que lo busquemos. Los hombres y las mujeres de este tiempo le han dado la espalda al Señor y han cometido atrocidades y abominaciones delante de Él, ¿qué esperábamos que Dios hiciera? ¿qué enviara bizcochitos y refresquitos del cielo en celebración de los pecados que nuestros malvados corazones están cometiendo? Pues no, Dios no va a hacer eso. Si nos ponemos a mirar el modus vivendi y el modus operandi de esta generación, notaremos que al igual que la generación de Noé, los designios del corazón del hombre son de continuo a hacer el mal. Nos parecemos a los moradores de Sodoma y nos asemejamos a los de Gomorra. Nuestros pecados han llegado a la presencia de Dios y, por lo tanto, Dios ha actuado. ¿Qué estoy implicando con esto? ¿Acaso Dios ha enviado esta pandemia como un castigo? En realidad, no lo sé, puesto que no conozco el corazón de Dios, pero la verdad es que esto no parece otra cosa que un juicio de Dios sobre la Tierra.  

Si las cosas son como yo estoy diciendo, algunos pudieran alegar que Dios es injusto, porque quizás dirían que muchos inocentes están muriendo a causa del Covid-19, sin embargo; la dura realidad es que no hay inocentes, puesto que todos somos pecadores (Romanos 3:23), por lo que absolutamente todos merecemos la justa retribución del pecado, la muerte (Romanos 6:23). Me imagino a algunos lectores indignados diciendo ¿pero y qué de los niños? ¿Acaso no son ellos unos angelitos? Este… ¿Qué les digo? Los niños no son unos angelitos. Me atreveré a utilizar las palabras del obispo J.C. Ryle, el cual dice que los niños no son angelitos, sólo son pequeños pecadores. Un ejemplo de esto es lo que el salmista David expresa en el salmo 51:5 al decir: “En verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre”. (Versión Dios Habla Hoy). Admito que esto suena duro, pero es la verdad, y como dicen por ahí, es mejor que nos hieran con la verdad y no que nos engañen con la mentira (o como sea que diga el dicho).

Estimados lectores, concluiré con un consejo: pienso que en vez de fustigar a Dios por las cosas malas y merecidas que ocurren, es mejor agradecer por los momentos buenos y felices de los cuales no somos merecedores y Él por su inmensa misericordia, nos hace participes de los mismos, y en lo que a esta pandemia respecta, creo que lo más sensato es que nos humillemos y pidamos a Dios que perdone nuestros pecados y que sane nuestra tierra.


Por; Emmanuel Paniagua (Héctor)

https://heraldodecristo.wordpress.com/author/heraldodecristo/

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