martes, 31 de marzo de 2020

El lenguaje de la guerra se ha instalado junto con la pandemia.


Ante la escasez de mascarillas, un ejército de costureras confecciona modelos caseros. Estados Unidos buscó apertrecharse de ventiladores y fracasó [en inglés]. Una doctora de Brooklyn comanda un batallón de médicos y enfermeras y los guía en oración bajo una carpa antes de ingresar al hospital.

“Eso es todo lo que podemos hacer: solo orar, mantenernos unidos, darnos ánimos y no paralizarnos por el miedo”, dijo en una crónica que refleja muy de cerca el desafío diario de los médicos en Nueva York.

El USNS Comfort, un hospital naval con capacidad de mil camas arribó a Nueva York para aliviar la carga de los hospitales locales.Andrew Kelly/Reuters

Pero si los médicos luchan con el virus a nivel celular, en todo el mundo —y en América Latina en particular— la batalla se libra en los bolsillos de quienes no pueden darse el lujo de quedarse en casa y deben elegir entre protegerse o comer.

Para otros sectores, una gran parte de la economía (y la vida en general) se ha trasladado al universo digital, algo que nos vuelve más dependientes de los gigantes tecnológicos, observa Jorge Carrión. Por su parte, Carlos Granés reflexiona sobre el rol del arte como antídoto ante la desolación, el encierro y la enfermedad.

— Elda Cantú

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