ARTICULO; Ser niño es cosa de adultos

Los jóvenes españoles tardan ahora seis años más que antes de la crisis en ingresar oficialmente en el mundo de los mayores

POR; IRENE HDEZ. VELASCO

Madrid.- Para muchos pueblos antiguos, un niño no se hacía hombre hasta que no iba a la guerra y capturaba o mataba a un enemigo. Los ritos que marcan el paso de la adolescencia a la edad adulta han cambiado mucho a lo largo de la historia y en las distintas culturas. Pero, desde hace ya tiempo, esa transición fundamental pasa por que el joven se convierta en un ser económicamente independiente, se emancipe y forme su propia familia. Una práctica que la crisis y los nuevos estilos de vida están tambaleando estrepitosamente.

Un dato: los jóvenes españoles de hoy se hacen adultos seis años más tarde, seis, de lo que lo hacían antes de 2008. Necesitan de media seis años más para dejar de vivir en casa de papá y mamá, seis años más para fundar su propio hogar, seis años más para conseguir un trabajo que les dé independencia financiera y, eventualmente, seis años más para formar un núcleo familiar con pareja e hijos.

Pau Miret, sociólogo e investigador del Centro de Estudios Demográficos de Cataluña, lleva años analizando la transición a la vida adulta en España. Y no tiene dudas: "La entrada en la edad adulta se ha retrasado en España desde 2008 en seis años a causa de la crisis", sentencia. Las cifras hablan por sí solas. El 65% de los varones y el 51% las mujeres de entre 25 y 29 años vive con sus padres, y en el grupo de edad entre los 20 y los 24 años el porcentaje se dispara al 89% en el caso de ellos y al 84% en el caso de ellas, según el último censo, de 2011.

"Hemos detectado que desde 2008 entre los jóvenes de entre 25 y 29 años ha habido un estancamiento de la tendencia de salida del hogar que se producía antes de la crisis", corrobora Alessandro Gentile, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza. "Se ha retrasado, no hay ninguna duda", ratifica también Almudena Moreno, profesora de Sociología en la Universidad de Valladolid.

Pero hacerse adulto a una edad más tardía pasa factura. No sólo constituye una fuente de infelicidad y de frustración para muchos jóvenes, sino que puede ser asimismo un problema social.

"Son chavales con una notable incapacidad de reacción ante situaciones de crisis, sean éstas de la índole que sean, porque nunca las han vivido. Al fin y al cabo, en casa de papá y mamá les dan todo hecho", subraya Miret. "No haberse emancipado a tiempo, no haber tenido que lidiar con situaciones de conflicto como las que se producen al convivir fuera del hogar de los padres, les dificultará el día de mañana a la hora de asumir momentos críticos como pueden ser un divorcio o el quedarse sin trabajo". De hecho, es una tendencia que ya se está viendo: son unos cuantos los que al divorciarse o perder el empleo regresan a casa de sus progenitores, y no siempre por motivos estrictamente económicos.

"Retrasar la entrada en la edad adulta supone retrasar la asunción de responsabilidades. Ser responsable supone contrición, una obligación. Los jóvenes de hoy desean vivir el momento, sin planificar de manera lineal su futuro: estudio-trabajo-me caso-tengo hijos-me compro una casa", señala Almudena Guerrero.

Los jóvenes de hoy representan un poco el caso contrario de sus padres. Los chavales de la postguerra se vieron abocados a una juventud muy breve, ya que las circunstancias les exigían crecer deprisa, hacerse adultos rápidamente. Sin embargo, esa generación disfrutó durante su etapa de adultos de los parabienes de la expansión económica y de un nivel de vida en general bastante bueno. Exactamente lo contrario que los jóvenes de hoy en día. 

Los adolescentes actuales han tenido en general una juventud bastante fácil, se han criado sin grandes preocupaciones económicas. Sin embargo, tienen enormes dificultades para entrar en el mundo adulto. El Estado y el mercado les están fallando estrepitosamente: no existen políticas de juventud que les ayuden a emanciparse, la mitad está en paro... "La única institución que les queda a los hijos es la familia", sostiene Miret. Así que ahí andan, en casa de sus padres.

Pero más allá de la crisis, también hay factores culturales que explican la tardanza con la que los jóvenes españoles empiezan a volar por libre. En los países del norte de Europa es muy difícil encontrar jóvenes veinteañeros viviendo en casa de sus padres, y menos aún cuanto más se acercan a los 30 años. Los progenitores de los países nórdicos, de hecho, hacen lo que sea para que sus retoños abandonen el nido familiar, porque en esas culturas que alguien a sus 27 años siga en casa de papá y mamá se considera algo patológico. Pero también es un mito eso de que los padres suecos pongan a una determinada edad a sus hijos de patitas en la calle para obligarles a dar el salto a la edad adulta....

"De hecho, los padres suecos ayudan económicamente a sus hijos para que se vayan de casa, y esa ayuda supera a la que los padres españoles asumen manteniendo en casa a sus retoños. Pero en Suecia, también hay que decirlo, existen políticas de vivienda, iniciativas de empleo y de emancipación para los jóvenes", destaca Miret.

En España, la inmensa mayoría de los jóvenes que dejan la casa de sus padres lo hace para irse a vivir con su pareja. Y son los propios padres los que alientan eso. "¿Dónde vas a estar mejor que en casa?", es la coletilla oficial con la que muchos progenitores suelen responder a las aspiraciones de sus retoños de irse a compartir piso. La familia española, afirman los expertos, es excesivamente paternalista, educa a sus hijos en un mundo en el que no existen los problemas y en general no exige mucho a quienes ya deberían haber abandonado el nido familiar.

Sin embargo, aunque en los países del sur de Europa en general y España en particular es particularmente escandalosa la tardanza en la entrada en la vida adulta, se trata de un fenómeno global. Ahí está Jeffrey Arnett, un reconocido psicólogo de la Universidad Clark de Worcester (Massachusetts), quien también ha observado esta tendencia en la sociedad estadounidense y la atribuye a un cambio fundamental en el estilo de vida. Suya es la teoría de los 'adultos emergentes', como ha bautizado a esta nueva tipología social. A saber: gente de entre 18 y 40 años que no son ni adolescentes ni adultos, sino algo a medio camino. Gente que se toma más tiempo para crecer de lo que lo hacían los jóvenes en el pasado y que se caracterizan, dice, por la exploración de su propia identidad, la inestabilidad y el estar focalizados en sí mismos.

"En mi opinión la crisis económica no es el factor más importante del retraso en España en la entrada del mundo adulto. Es un factor, sin duda, pero no el más relevante. Yo creo, como Arnett, que se trata más bien de un cambio en el estilo de vida", señala Almudena Moreno.

De lo que no hay duda es de que está cambiando la forma en la que se entendía la transición a la vida adulta. El modelo tradicional (emanciparse, tener un trabajo, formar una familia) sigue vigente, pero a él se han añadido otros itinerarios. "La inmensa mayoría de los hogares de clase media han sido capaces de defenderse de la crisis, y en esos hogares la transición de los jóvenes a la vida adulta sigue siendo normalizada, similar a como lo era antes de la recesión. 

Pero en las clases trabajadoras, en los hogares desestructurados y más vulnerables, el paso a la edad adulta se ha hecho mucho más difícil", destaca Alessandro Gentile. Hacerse adulto hoy no sólo implica pasar de una familia (la de los padres) a otra familia (la que se crea con una pareja), sino también ampliar el número de años que se estudia, alquilar piso en lugar de comprar, mantener relaciones de pareja experimentales... "Y esa pluralidad se explica con la desigualdad con la que la crisis afecta a los jóvenes según el hogar al que pertenezcan", insiste Gentile.

Hasta para hacerse mayor existen clases.


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