Ofrendas y contribuciones: una perspectiva bíblica


No existe uniformidad en los procesos litúrgicos de las iglesias, debido a que cada iglesia tiene su modus operandi. Sin embargo, hay un común denominador en todas las congregaciones: las ofrendas. No hay una sola iglesia en el mundo donde no se reciban contribuciones de parte de los feligreses, pero ¿por qué se hace esto? ¿Qué se hace con esas contribuciones? ¿Tienen las ofrendas un fundamento bíblico? En este escrito vamos a exponer algunos puntos que hemos extraído de las Sagradas Escrituras y que nos arrojarán luz acerca del tema.
Las ofrendas son las contribuciones que, de manera voluntaria y espontánea, hacemos de nuestro tiempo, dinero y habilidades para que el reino de Dios avance. Como esta definición lo indica, las ofrendas no siempre tienen que ver con la entrega de alguna cosa material. Podemos ofrecer nuestro tiempo o nuestras habilidades a Dios como ofrenda, no obstante, es de las contribuciones materiales que queremos hablar en esta oportunidad, y para hacerlo, utilizaremos algunos versículos del capítulo 29 del primer libro de Crónicas.
En los dos últimos capítulos de 1 Crónicas, la Biblia nos narra el ocaso del reinado de David y la sucesión de Salomón al trono de su padre. También nos muestra el deseo sincero que había en el corazón de David de construirle un templo al Señor, pero por causa de toda la sangre que éste había derramado, Dios no se lo permitió, pero escogió a Salomón para que lo hiciera. David sabía que la construcción del templo no sería una tarea fácil, así que decidió colectar ofrendas del pueblo para la construcción de la casa de Dios. Después de haber recibido ofrendas generosas del pueblo para la construcción del templo, David dijo lo siguiente:
“Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.
Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura.
Oh, Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.
Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti” (1 Crónicas 9:14-17 RV1960).
¿Qué podemos extraer de estos pasajes?
  • Ofrendar no es una carga, sino un privilegio.
David, a pesar de ser el hombre más importante de su nación, no se sentía digno de ofrecer nada al Señor. Si así no fuera, ¿qué sentido tendría que él dijera esto?: “Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? (versículo 14). David, ni los israelitas veían las contribuciones que ellos hacían como una carga o como algo pesado; al contrario, para ellos era un privilegio y un gozo. “El pueblo estaba muy contento de poder dar voluntariamente sus ofrendas al Señor…” (1 Crónicas 29: 9a NVI). Estimados hermanos, cuando vayamos a presentar nuestras ofrendas al Señor, no lo hagamos con quejas ni de mala gana, porque Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7).
  • Cuando ofrendamos, simplemente estamos devolviendo a Dios un poco de todo lo que Él nos ha dado.
“…Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos”. De esta manera, termina David el versículo 14, reconociendo que lo que él y el pueblo le están dando a Dios es de lo mismo que Dios les ha provisto. David sabía que “del Señor es el mundo entero, con todo lo que en él hay, con todo lo que en él vive”. (Salmo 24:1 DHH). Amado hermano, no te llenes de orgullo cuando hagas una ofrenda o donación a tu iglesia, porque lo único que estás haciendo es retornando a Dios una pequeña porción de lo que Él mismo te ha regalado.
  •  Las ofrendas deben ser voluntarias y espontáneas.
Hace algunos años, un ministro me extendió una invitación para que predicara en su congregación, y yo, gozosamente, dije que sí. Cuando llegó el día y la hora de asumir mi compromiso ministerial, me dirigí a la congregación en la cual debía predicar mi sermón. Antes de que el pastor me entregara el micrófono para que predique, pasó un hermano a colectar las ofrendas y me llenó de sorpresa ver que el varón de Dios estaba poniendo una tarifa a los oferentes. Me quedé boquiabierta al escuchar al hombre de Dios decir: “No aceptamos billetes menores de 100”. No sé de dónde este hermano sacó esa idea, pero eso no es lo que dice la Biblia. El apóstol Pablo les dijo a los corintios que cada uno debía dar como había propuesto en su corazón (2 Corintios 9:7). Además, si retornamos al versículo 14, observamos que David dice que ellos ofrendaban voluntariamente. ““Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? (versículo 14, énfasis añadido). Y otra vez afirma el rey: Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti”. (Versículo 17, énfasis añadido). Además, a Dios le importa menos la cantidad de la ofrenda que la calidad de la misma. ¿No me crees? Pregúntale a la viuda de Marcos 12.
  •  No ofrendamos para que Dios nos bendiga, ofrendamos porque Dios ya nos bendijo.
Es común escuchar a muchos decir: “Ofrenda para que Dios te bendiga”. Yo sé que algunos hermanos dicen esto por desconocimiento, pero también es cierto que muchos lobos rapaces, propagadores del falso evangelio de la prosperidad, lo hacen para manipular a los hermanitos a que ofrenden cantidades desproporcionadas. No nos dejemos engañar. David dijo que de lo recibido de las manos de Dios es que le damos a Él (versículo 14). Si tenemos para dar es porque ya Dios nos dio. Nosotros no damos para que Dios nos dé, damos porque Él ya nos dio. ¡Abramos los ojos!
  • Al momento de ofrendar, asegúrate de estar en paz con la gente.
Esto parece algo insignificante, pero Dios no lo ve así. A Dios le importa mucho la actitud y la condición del corazón cuando le ofrecemos alguna cosa. “Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5:23-24 NVI). ¿Por qué es esto importante? Porque a Dios le importa más tu corazón que tu dinero.
Querido hermano, la intención de este artículo es que continúes contribuyendo con tus ofrendas a tu congregación, pero que lo hagas conscientemente y de una forma que traiga gloria al Señor. Si lo que has leído ha bendecido tu vida, ve abajo y coloca tu correo electrónico para que te suscribas a este blog.
Por; Hector Emmanuel Paniagua.
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