Caí en pecado, ¿Qué hago ahora?


“Te ahogas, no porque hayas caído al río, sino por quedarte sumergido en él…” estas palabras son pronunciadas por Rudhraksh Jaiswal, un joven actor de la India que hace el papel de Ovi Mahajan en “Extraction”, una película de acción que figura en la lista de las más vistas de Netflix en la última semana. 
Extraction o Misión de Rescate, como se conoce en Latinoamérica, es un gran filme, sin embargo, pese a que la película está repleta de acción desde el principio hasta el final, lo que cautivó mi mente fueron las palabras pronunciadas por este muchacho, las cuales son una muestra de que, como dice el pastor Tommy Moya, caer no es la sentencia final. Puede que hayamos caído, pero eso no significa que tengamos que quedarnos postrados. 

No es ni el plan, ni la voluntad de Dios que sus hijos se desplomen ante el pecado, pero si ya caíste, ¡levántate! Acude al Señor, porque Él no dejará para siempre caído al justo (Salmo 55:22, RV1960). Yo sé, de primera mano, que levantarse no es fácil. Yo he estado en el suelo muchas veces y sé lo difícil que puede ser levantarse. No obstante, no es imposible. 

Mi deseo es que no estés atravesando por el dolor de un desplome, pero si lo estás, o si conoces a alguien que lo está, estos consejos son para ustedes:
Admite que has fallado y confiésalo.

Este es, quizás, el paso más difícil que debemos dar para iniciar nuestra restauración después que hemos caído, debido a que tenemos que hablar de algo que no nos enorgullece, empero; es necesario que lo hagamos, porque la confesión nos libera. En el salmo 32, el salmista David aborda el tema de la confesión de pecados y expresa la manera en la que se sentía antes de confesar su iniquidad: “Mientras callé, se consumieron mis huesos...” (Salmo 32:3, RV1977). 

Cuando tenemos una falta oculta, que no queremos admitir, nuestro interior se deteriora y lo peor del caso es que nos volvemos insensibles al pecado. Amado hermano, si hay pecados en tu vida que no has confesado, esta es una oportunidad para que lo hagas. Ve delante de Dios. ¡No pierdas tiempo! Y si tu pecado involucra alguna persona, también debes ponerte a cuenta con él o con ella. Mientras tus pecados permanezcan ocultos, no te irá bien. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

Arrepiéntete.

¿Acaso no nos arrepentimos cuando confesamos nuestros pecados? No necesariamente. La confesión no implica un arrepentimiento inmediato. Hay personas que, debido al dolor causado por el pecado, lo confiesan, pero lamentablemente, continúan viviendo en sus transgresiones. El arrepentimiento genuino implica un cambio de mentalidad y de actitud. 
El que en verdad se arrepiente se aparta de sus pecados. Algunos creen que se han arrepentido porque han sentido dolor por haberle fallado a Dios, pero si ese dolor no trae consigo un cambio de mentalidad y de carácter, entonces no ha habido arrepentimiento, sino remordimiento.

Evita la autocompasión.

“La autocompasión es fácilmente el más destructivo de los narcóticos no farmacéuticos; es adictiva, produce un placer momentáneo y separa a la victima de la realidad”. (John Gardner). Después de haber caído, y después que tu pecado se ha hecho público, es muy fácil sentirte lleno de vergüenza y caminar cabizbajo, pero esa actitud no te llevará a ningún lado. Deja de tenerte pena y de decir que eres la peor persona que existe en el universo. Si confesaste tu pecado, y te arrepentiste del mismo, Dios ya te ve como un hombre nuevo. 
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. (1 Juan 1:9, RV1960) ¿Lo notaste? Dios no te limpia de algunas maldades cuando te arrepientes. Él te limpia de absolutamente todas tus faltas. ¡Cuan maravilloso es nuestro Dios! ¡Alza tu frente! Dios ha sepultado todas tus iniquidades y ha arrojado a lo más profundo del mar todos tus pecados (Miqueas 7:19).
Tómate tu tiempo y deja que Dios te restaure.

Para muchas personas, será muy difícil estarse quietas, especialmente, si son personas de ministerio (predicadores, adoradores, pastores, etc). No obstante, no es sensato volver a ministrar hasta que las heridas hayan sanado. Yo entiendo perfectamente lo duro que es no poder hacer lo que Dios te llamó a hacer y talvez, lo que más disfrutes hacer, pero debes recordar que cometiste una falta y que debes asumir la responsabilidad por tus malas acciones. Además, tu ministerio es lo que menos importa por el momento. Lo más importante es tu bienestar espiritual. A Dios le interesa más salvarte que usarte.
Aprende de tu caída.

Thomas Wayne, el padre de Bruce Wayne (Batman), en las películas e historietas de DC Comics dijo a su famoso hijo en una escena de “Batman Begins” “¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos, señor”. ¿No es esto fantástico? La idea es no caer “…el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1 Corintios 10:12, RV1960), pero si caemos, utilicemos la caída como un trampolín para impulsarnos. Aprendamos de ella, dejemos que los errores nos hagan más fuertes. Si no aprendemos de nuestros errores, volveremos a cometerlos. Además, Dios puede hacer que tu situación obre para tu bien (Romanos 8:28).

Estimado hermano, si caíste, no te quedes postrado. Los planes de Dios siguen vigentes para tu vida. ¡Confía en Él! Si acudes a su presencia buscando perdón, Él no te rechazará, porque Dios no desprecia un corazón contrito y humillado (Salmo 51:17).

Con cariño,Emmanuel Paniagua.
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